Ese muchacho que se quedó en el tiempo
fija su imagen, como congelada,
tan sólo fue un instante, y en su mirada,
brillaron mil luces, que se llevó el viento.
Lejano país de sombras alargadas,
majestuosa la casa, castillo medioeval,
caballero el muchacho, con ojos grises claros
su voz eran canciones con bella voz cantadas.
Un cruce de miradas en el salón dorado,
una sonrisa franca , su modo de reír,
muy derecha y altiva la curva de su espalda,
era el hombre perfecto para ser adorado.
Simpleza del momento, instante de los dioses,
el duelo concertado para poder amar,
más solo queda de ello el recuerdo sagrado
de cuando tuvieron que decirse “adiós”.
Su imagen permanece muy quieta y cincelada
en el panel del alma, paleta de pintor,
que a su figura erguida, sus ojos grises claros,
modeló para siempre en la tela pintada.
Hoy ya no existe nada de aquellos años-sueños
ni suelo alargado, ni sol pálido, ni loco divagar;
solamente el recuerdo de quien quedó en la mente
y nadie, si lo quiere, podrá jamás borrar.
Ese muchacho rubio que se quedó en el tiempo,
era el mejor modelo para poder amar.-
NELLY ANTOKOLETZ

